Observatori sobre desarmament, comerç d'armes, conflictes armats i cultura de pau
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Hace meses Bruselas anunciaba el aplazamiento hasta 2017 o 2020 de la puesta en servicio del proyecto Galileo. Galileo es un sistema global de navegación por satélite que permite determinar la posición de un receptor con gran precisión. Se presenta como la alternativa que ha de proporcionar a Europa independencia estratégica respecto al sistema estadounidense GPS y al GLONASS ruso.

El GPS empezó como sistema militar de radionavegación y ubicación en el espacio. Posteriormente surgieron muchas aplicaciones civiles, una de ellas el dispositivo usado en los coches. Se ha dado mucha  publicidad a dichas aplicaciones comerciales y se ha obviado el gran peligro de los sistemas GPS, que radica en su utilización como sistema de vigilancia con fines policiales, de seguridad y defensa. El uso de un sistema de observación y seguimiento de personas conlleva la reducción de las libertades individuales. Con la excusa de la seguridad colectiva, los gobiernos occidentales, mediante Galileo, podrán instaurar un control sobre las personas.

Actualmente, Galileo forma parte del Programa Europeo de Investigación en Seguridad (ESRP, programa que tiene como objetivo el  establecimiento en Europa de un complejo industrial de seguridad que sea lucrativo y competitivo a nivel mundial). Para ello, se está desarrollando investigación en seguridad con fondos públicos de la UE. La seguridad se ha convertido en un mercado emergente desde el 11S. Desde entonces, la industria de armamento ha replanteado sus estrategias de negocio, con miras a explotar el mercado de la seguridad. El interés empresarial en vender tecnología de seguridad se ve favorecido por la política del miedo y la inseguridad fomentada por los gobiernos de Occidente.

Es sintomático que en el diseño del ESRP intervinieran de forma sustancial aquellas mismas empresas más favorecidas con su implementación, es decir los gigantes europeos de defensa y tecnología de la información. Empresas como EADS, Thales, Finmeccanica, BAE Systems, SAGEM, Indra, Ericsson, formaron parte de los órganos que definieron el ESRP. En cambio, la presencia en dichos órganos de miembros del Parlamento Europeo fue mínima. Y, aún más, entre esos pocos europarlamentarios, los había con vinculación personal a lobbies de la industria armamentística como Karl Wogau, miembro de la junta de consejeros de la Security and Defence Agenda, un think tank del sector de fabricación de armamento.

Un proyecto fallido
El proyecto Galileo fue presentado en 1999 y se inició en 2001/2002. Se estableció un consorcio público-privado que había de integrar participación de ambos sectores. Gigantes de la industria de defensa como Thales, EADS y Finmecannica fueron seleccionados para cofinanciar la fase de despliegue. Pero en 2007 el consorcio
fracasó por numerosas causas: por la mala gestión de la Comisión Europea al iniciar los preparativos empresariales (según un informe de 2009 del Tribunal de Cuentas de la
UE); por los enfrentamientos entre los gobiernos europeos para conseguir que las empresas de su país obtuvieran adjudicaciones, por preferir tecnología francesa frente a la rusa (más barata) y porque el sector privado no aportó su parte de capital.
Este último se retiró y, desde entonces, los costes los asume únicamente la UE. Pese a ello, Bruselas sacó a concurso un contrato de 3.400 millones de euros para la fase de despliegue. Se adjudicó a EADS Astrium y a OHB el suministro de componentes para naves espaciales y a Arianespace el lanzamiento de las primeras plataformas operativas. Galileo debía funcionar en 2014 pero Bruselas ya ha declarado que no se cumplirá ese plazo. En 2014 sólo se habrán podido lanzar 18 de los 30 satélites previstos, despliegue insuficiente para alcanzar esa independencia estratégica pretendida. Hasta hoy sólo se han lanzado dos satélites.

“Una idea estúpida”
Un ejecutivo de OHB ha afirmado que “es una idea estúpida que sirve principalmente a intereses franceses (...) y está abocada al fracaso”. Estas declaraciones le valieron el despido. El aspecto económico también ha suscitado críticas. Para continuar el proyecto hacen falta 1.900 millones de euros más. La Comisión Europea se enfrenta ahora a la negativa a aportar más dinero por parte de los Estados miembros. El presidente de la comisión de Industria del Parlamento Europeo, el popular alemán Herbert Reul, declaró en 2010 que “la Comisión Europea debe vigilar la gestión del presupuesto de Galileo para que no se repitan los excesos presupuestarios del pasado”. El desbarajuste económico de Galileo es análogo al de otros proyectos de la industria militar.

El carácter militar de Galileo es evidente. La primera versión del informe que surgió del Parlamento Europeo fue redactada por Karl Wogau y contempla previsiones que favorecen el desarrollo de sistemas de defensa que usan misiles guiados por satélite por parte de la OTAN. Entre los servicios anunciados actualmente, según fuentes del Parlamento, se prevé que pueda ser utilizado por la policía y cuerpos militares. También está previsto que el sistema pueda bloquear el acceso a todos los usuarios, salvo a las agencias gubernamentales. Galileo contribuirá así a configurar una Europa más vigilada, controlada y bunkerizada.

En los momentos actuales, de gravísimos recortes sociales, el que se esté subvencionando con dinero público a las empresas más importantes de los sectores de defensa y de seguridad es intolerable. Y aún más tratándose de proyectos que tienen una clara vertiente policial y de vigilancia. La apuesta por la investigación y desarrollo de tecnologías de seguridad hacen prever un deterioro de los derechos fundamentales y las libertades civiles.

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